Hoy fue un día especial en la iglesia, en realidad trato siempre en la medida de lo posible a adorar a Dios, no a pedir ni a rogar, sino que a adorar con toda intensidad a Dios, pero hoy sentí que era especial, desde las 4 de la tarde había estado alabando al Señor en mi cuarto y cuando me comencé a arreglar para ir a la iglesia yo me sentía inundado de su presencia; siempre he creído que ahí está la clave de la felicidad y de hecho mi gozo se cumple cada vez que hablo con El.
Cuando bajaba a la iglesia, lo oía decirme cosas que quiere hacer con mi vida y cuando me aparque y me pase la calle ya iba bailando las canciones que oía salir del templo antes de entrar, no sé si todo eso preparo el camino para que cuando yo entrara simplemente experimentara el ardor de su amor intenso y fue en un momento de intimidad durante la adoración, cuando ya me tenia rendido a sus pies que pude verlos, fue algo extravagantemente increíble, son los pies más hermosos que haya visto, son brillantes, refulgen con un brillo que abraza la mirada, tienen olor a nardo y a otras fragancias que no sabría reconocer, pero son deliciosas, exquisitas diría yo, lo mas especial son sus heridas; si, todavía tiene las heridas de la cruz, sé que me llamaran loco o desquiciado pero yo los vi, vi sus pies, los toque, los respire, llore sobre ellos y también sentí como su mano sobaba suavemente mi cabeza, no sé cuánto tiempo pase así, puedo calcular unos quince minutos por las canciones que salieron, pero era tal la experiencia que con solo ver las heridas de sus pies yo me desquiciaba en amores por mi amado Jesús.
No sé cómo explicar la experiencia que se vive dentro de mi espíritu, solo puedo decir que era como que si una serie de explosiones atómicas se llevaran a cabo dentro de mi corazón, tanto que sentía que me volaba en mil pedazos, es un sentimiento aplastante que te hace ver tan insignificante ante tanta magnificencia y te hace sentir no merecedor de tanto amor; cuando recuerdo de donde me saco y realizo donde estoy hoy en día que aun me permite ver y palpar sus pies, al tocar sus heridas, al rendirme ante él, no me queda más que llorar agradeciendo su tan eterna misericordia.
JESUS TE AMO, ERES MI AMADO SEÑOR.
